Quiero compartir un interesante art�culo que me mando un amigo chileno acerca el uso de vos en las americas:
Hablemos espa�ol - por Luz Nereida P�rez
�Por qu� voseamos?
El muy citado Diccionario de la Real Academia Espa�ola nos indica que el sustantivo voseo alude a la “acci�n y efecto de vosear”, donde se entiende que vosear se refiere a “dar a alguien el tratamiento de vos”. Sobre el mismo fen�meno ling��stico, nos dice Manuel Seco en su Diccionario de dudas y dificultades de la lengua espa�ola que:
El voseo, o empleo del pronombre “vos”, domina en Argentina, Uruguay, Paraguay y Am�rica Central, excepto Panam�. Coexiste con el tuteo, o empleo de “t�”, en Ecuador, Colombia y Chile, aunque con car�cter r�stico o coloquial, y vive en la lengua popular de zonas de M�xico, Panam�, Venezuela, Per� y Bolivia.
�Est� incluido Puerto Rico? La contestaci�n es: No. En nuestro archipi�lago boricua no se practica el voseo. Contin�a el acad�mico Manuel Seco en su citada fuente:
El aprecio social del voseo var�a seg�n los pa�ses. En la regi�n del Plata y en Am�rica Central (excepto Panam�) es perfectamente normal en todos los niveles. En el resto de los pa�ses en que existe, el uso culto lo rechaza como propio de las clases poco instruidas, aunque en algunos de ellos se acepta en el �mbito familiar.
�Se ha mencionado en alg�n momento a Puerto Rico como part�cipe del voseo: definitivamente No. Manuel �lvarez Nazario alude,en su Historia de la lengua espa�ola en Puerto Rico, a la presencia del voseo en el castellano peninsular en la �poca cl�sica, extendido al primitivo espa�ol de Indias, hecho que fue com�n en Espa�a y Am�rica para el siglo XVI. Sin embargo, se�ala que el uso del “vos” desaparece en las Antillas mediante el empleo inicial del “vuestra merced” o el “su merced”, hecho que trajo como consecuencia el paulatino olvido del aplebeyado “vos” en favor de “t�” en la regi�n del Caribe hisp�nico.
Y despu�s de acopiar todos estos argumentos, lanzamos nuestra cr�tica: �a qu� viene que en el lenguaje de la Iglesia Cat�lica -tal vez tambi�n en otras denominaciones religiosas-, que en el lenguaje del ceremonial mas�nico y en la boca de algunos de los que discursean se est� usando el voseo? �Es esto acaso una mala imitaci�n de nuestros primeros colonizadores? �No ser� que en este pa�s al que m�s y al que menos se le “chispotea” su sentir de ser colonizado? �O es acaso que por ignorancia pensamos que eso es “hablar lindo”, como por ah� se dice?
De verdad que en el lenguaje del ritual mas�nico -ceremonial muy af�n y archiconocido en mi vida por ser hija de un mas�n, hoy en el Oriente Eterno- resulta cursi, anticuado y rid�culo el uso de un lenguaje tan ampuloso y tan ajeno a la realidad cotidiana de los puertorrique�os como el “vosotros” y el “est�is aqu�”, “reconoced la presencia de”, etc. No hay duda que el ritual y la simbolog�a mas�nicos son de extrema belleza y significado, pero nada pierden si se moderniza su lenguaje y dejamos de ser burdos repetidores de lo que nos ha venido en libros impresos en el “a�o de las gu�caras” y en los “tiempos de maricasta�a”. El lenguaje de los rituales mas�nicos sufre del mismo problema de la redacci�n jur�dica: por ignorancia, y tal vez por la secular costumbre de la sumisi�n, seguimos repitiendo un lenguaje con visos medievales y, por tanto, rid�culamente anacr�nico.
�Cu�ndo por ah� alguien dice: “La fiesta no ha lugar porque no hemos encontrado un local”? Pru�belo, d�gaselo a alguien y ver� c�mo se le r�en en la cara. �Cu�l es el problema con decir “denegado” o tal vez “concedido”? �Pierde algo la justicia con ello? Al contrario, gana much�simo porque: El derecho es para servir al pueblo y debe ser en todas sus manifestaciones lo m�s accesible a ese pueblo (Lcdo. Alberto Medina Carrero). �Qui�n entiende en un tribunal la expresi�n “no obra en auto”? Mire, mi gente, el quinto significado del verbo obrar es ir al inodoro a hacer “n�mero dos” y de verdad que debe ser inc�modo y grotesco “obrar en auto”. �Qu� problema hay con decir “no est� en el expediente” o “no consta en el expediente”? �Tiene sentido de justicia el ser juzgado mediante un lenguaje que no se entiende y que nos es ajeno? El problema es creernos que existe un idioma de dioses y otro de mortales. El idioma es de mortales a mortales. A nadie se le mueven los rotitos de sitio porque lo nombren o porque reciba un grado acad�mico. Les aseguramos que nadie va al inodoro a echar flores. Todos echamos lo mismo y, peor a�n, lo cargamos constantemente. Nada mejor para desarrollar consciencia de igualdad y de humildad que saber que todos y todas siempre estamos llenos de mierda y la cargamos continuamente. S� usted afirma que no, entonces es cad�ver...
Y ahora al lenguaje de la Iglesia. �Qu� es eso de decirle a los puertorrique�os “tomad y comed”? En un momento de tanta intimidad, como es la consagraci�n del pan y del vino -porque la fe, mi gente, es absoluta y total introspecci�n, intimidad e integraci�n-, nos hablan en un lenguaje ajeno, que establece distancia, que produce extra�eza y quien sabe si hasta incomprensi�n. �Cu�l es el problema con decirnos “Tomen y coman”? [�Qu� pasa con el lenguaje inclusivo en la Iglesia que nos hablan de “Paz en la tierra a los hombres de buena voluntad”? Y a las mujeres, �no se nos desea lo mismo? Si total, el 65% de la Iglesia est� constituido por nosotras las mujeres, que somos igualmente mayor�a mundial.]
Si en el Padre nuestro la relaci�n es de tuteo -“Santificado sea Tu nombre” a diferencia del ingl�s -que usa el Thy, forma antigua para “usted”-. Si el Padre nuestro nos provee la oportunidad del tuteo para lograr la intimidad, la integraci�n y la com�n-uni�n con el Misterio, �por qu� no aplicarlo a todo el idioma de la Iglesia? �No ser�a por esa relaci�n de tuteo con la divinidad que Carlos I de Espa�a y V de Alemania dijo que para dirigirse a las damas prefer�a el franc�s, a los hombres se dirig�a en el italiano, pero para hablar con Dios el idioma esencial era definitivamente el espa�ol? Hablemos, pues, con la Divinidad en el lenguaje de la intimidad, de la integraci�n, de la cercan�a, de la com�n-uni�n. Hablemos con Dios -y con su imagen y semejanza que somos nosotros y nosotras los seres humanos, los hombres y las mujeres de buena voluntad- en un sencillo, �ntimo y realista espa�ol.