multimadrid home    the multimadrid spain community    spain forums  Hop To Forum Categories  forums in spanish  Hop To Forums  practica y platica tu español    La Atlantida y Tartesos eran lo mismo??
go to...
post new...
search/find
notification...
help...
reply to this topic
  
  login/join up 
Posted
Creo que todos hemos oido hablar de La Atlantida,un continente en medio del Oceano Atlantico,que desarroll� una prodigiosa cultura,saber y riqueza y que desapareci� subitamente en las profundidades del oceano ,sin dejar la mas minima huella.
Las noticias de este contiente nos han llegado por el fil�sofo griego Plat�n.

Tartesos , por su parte ,fue un reino que se desarroll� en la baja Andaluc�a ,durante la edad de bronce hacia el 1300 antes de Jesucristo y que tambien desapareci� ,en tan solo un par de d�as en el 530 a.Jc.

Su grado de desarrollo y riqueza ,sobre todo su abundancia en esta�o (el mineral imprescindible para la fabricaci�n del bronce) , sus minas de plata y tambien la existencia de algo de oro ,unido a su emplazamiento mas all� del Mar Interior (Mediterraneo),pasadas las Columnas de Hercules (Estrecho de Gibraltar ) ,pronto la van convirtiendo en un mito de todos los pueblos civilizados de Oriente.

Todos hablaban de Tartesos ,griegos,israelitas,
persas,la biblia la menciona en varias ocasiones,pero lo cierto es que nadie sabia su emplazamiento exacto.Solamente sabian llegar a ella los navegantes fenicios.

Actualmente se tiene la certeza que los fenicios lo guardaban como uno de sus mayores secretos,hasta el punto que los marinos no llevaban consigo cartas marinas , y que la ruta la tenian aprendida de memoria.
El viaje por mar en la Edad del Bronce desde Tiro(Fenicia) hasta Gadir (la actual Cadiz ) duraba unos 50 d�as.Solamente se pod�a navegar en los meses de Primavera y Verano.

Demos un vistazo r�pido de como se pudo desarrollar una civilizaci�n super avanzada a tanta distancia de las grandes civilizaciones de la antiguedad.
Una gran ventaja fue contar desde siempre de dos caminos naturales por donde moverse uno las margenes del Rio Guadalquivir y el otro "La Ruta de la Plata" que une en linea recta y de Sur a Norte la Pen�nsula Ib�rica,pasando cerca de zonas con abundantes minerales.

Otra ventaja fue el paso del uso del cobre al bronce hac�a el 3000 AJ en Mesopotoamia.
El cobre era un mineral abundante en toda la zona mediterranea, pero para fabricar bronce se necesitaba el esta�o ,un mineral no muy abundante, lo que hizo que los fenicios se lanzaran a buscarlo en sus viajes mar�timos.

Sabemos que Gadir (Cadiz) fue fundada por los fenicios hacia el 1100 AJ, y que siempre permaneci� independiente de Tartesos,siendo el puerto de todas las exportaciones tartesas.

La gran demanda de productos que los mercaderes fenicios adquirian hizo que ademas de los extractores de mineral,la poblaci�n indigena tartesa pronto se especializara en el trabajo:
agricultores,ganaderos,pescadores,gentes de las minas ,artesanos y de aqu� surgi� los comerciantes, y dirigentes hasta la creacion de un reinado con rey.

Cuando el esta�o comenz� a escasear en Tartesos ,se creo una flota de barcos que navegaban a comprar esta�o a Irlanda.Tambien se tiene fundadas sospechas de que llegaban con sus barcos a las Islas Canaria,Islas Azores e Isla de Madeira.

Su periodo de maximo esplendor se da hacia los a�os 630 AJ , con el reinado de su Rey mas conocido :Argantonio.
Se dice que durante este reinado era tal la abundancia de plata en Tartesos que los pesebres (comederos) de los caballos del rey eran de plata.

Pero toda esta civilizaci�n desaparece en cuesti�n de d�as (parecido a la Atlantida) ,se piensa que posiblemente fueron los habitantes de
Cartago (cartagineses) ,quienes les atacaron y fulminaron ,sindejar rastro.
Varios prestigisos arquelogos como Schulten sostienen que Platon se bas� en Tartesos para la narraci�n de su ATlantida.

Vosotros que opinais??


Las únicas cosas que no se olvidan son las que se enseñan.
 
Posts: 74 | Location: Madrid Spain | Registered: 10 August 2002Reply With QuoteEdit or Delete MessageReport This Post
Posted Hide Post
La verdad es que, independientemente de que se pueda o no identificar a la Atl�ntida con Tartesos, el halo de misterio que rodea a ambas civilicaciones es equiparable.

El tesoro del Carambolo, o las estatuillas de la diosa Astart� (�se escribe as�?), as� como todas las dem�s manifestaciones art�sticas de una �poca y unas gentes tan misteriosas como fascinantes son, para m�, de lo m�s interesante que ofrece el museo arqueol�gico de Sevilla.

No s� mucho acerca de Tartessos y pocos son los documentos que han llegado a mi mano sobre el tema, pero yo invitar�a a todo el mundo a echar un vistazo a los restos que han llegado a nuestros d�as como testigos de una civilizaci�n que tanta leyenda ha inspirado en el mundo antiguo y que esconde celosamente tantas inc�gnitas a los historiadores de nuestro tiempo.

:cheers:


Cuiusvis hominis est errare, nullius nisi insipientis in errore perseverare
 
Posts: 317 | Location: Le�n (Spain) | Registered: 04 August 2003Reply With QuoteEdit or Delete MessageReport This Post
Posted Hide Post
Seg�n el poema de Plat�n La Atl�ntida era un lugar despu�s del "fin del mundo", un continente que se hundi�.

El fin del mundo era lo que ahora conocemos c�mo Espa�a (finisterre), para ellos. Las Islas Canarias son lo que queda de un continente hundido, despu�s de un gran cataclismo, y est� justo detr�s del fin del mundo..........


Tartesos es lo que ahora conocemos c�mo C�diz.

Besucos
 
Posts: 190 | Location: Madrid | Registered: 29 November 2003Reply With QuoteEdit or Delete MessageReport This Post
Posted Hide Post
Si estais o pod�is tener acceso a textosy archivos actualizados arqueol�gicos, los equipos y excavaciones de la Univ Aut�noma de Madrid desde unos 15 a�os han investigado en colaboraci�n con Dptos de Univ andaluzas este tema. Schulten est� muy superado )ver trabajos de Manuel endala, Arque�logo) y por otro lado La Atl�ntida est� intr�nsecamente relacionada con las Isalas Canarias de forma legendaria, aunque sin base textual, porque se carece de m�s fundamentos ( Y no es que Tartessos y su leyenda posea m�s).

Un saludo,

Leonora

P.S. Tartessos o tarsis no es C�diz, sino que comprens�a un vasto territorio hasta la Cordillera Peni�tica inclusive.
 
Posts: 45 | Location: madrid, spain | Registered: 23 September 2002Reply With QuoteEdit or Delete MessageReport This Post
Posted Hide Post
Es cierto que apenas hay base documental,pero la Biblia si que se menciona a Tarssis en varias ocasiones .Una de ellas es el la del profeta Isa�as en su profec�a de la caida de Tiro:"Lamentaos naves de Tarssis porque destruido Tiro hasta no quedar casa donde entrar,lamentaos naves de Tarssis porque destruida es vuestra fortaleza.Vuelve a tu tierra hija de Tarssis,porque no tendr�s m�s poder."

Este cita ha hecho pensar a algunos que los fencios pudieron proceder de Occidente e instalrse en Fenicia y que Tiro era hija de Tarssis (Tartesos).
Los defensores de esta teoria indican que un pueblo con una cultura tan avanzada ,capaces de navegar a las Islas Britanicas a por esta�o y fabricar bronce , ser�a poco probable que se dejaran enga�ar en su comercio y cambiar su productos por baratijas (cosas sin valor).

Algunos defensores de que en el pasado pudo existir un contiente o gran isla entre Europa y America ,la defienden un hecho que se repite a�o tras a�o con los salmones que abandonan los rios de Europa por el Oceano Atlantico en direcci�n Oeste (hacia Amarica) y al llegar a un cierto punto se paran y regresan nuevamente a Europa.Este fenomeno solamente tiene una explicaci�n l�gica si en el pasado hab�a en ese lugar un continente o una gran isla..

En cualquier caso si sabemos de que en Andalucia fue el primer lugar de Europa donde se cambi� la vivienda circular por la cuadrada.

Tambien en las tumbas se encontraron en algunas grandes piezas de metales de valor y en otras casi nada , eso da que pensar que ya en esa �poca habia una divisi�n clara de clases ricas y pobres.

Por �ltimo varios escritores griegos citan al rey tarteso Argantonio.
Sin embargo en Espa�a , es cierto, que el tema Tartesos ,lo han pasdo de formar rapida y sin apenas suscitarles mucho inter�s los historiadores .


Las únicas cosas que no se olvidan son las que se enseñan.
 
Posts: 74 | Location: Madrid Spain | Registered: 10 August 2002Reply With QuoteEdit or Delete MessageReport This Post
Posted Hide Post
LOS FENICIOS EN ANDALUC�A ORIENTAL: DIEZ A�OS DE INVESTIGACIONES (1982-1992).

Manuel Carrilero Mill�n
Dpto. de Prehistoria, H� Antigua y Arqueolog�a
Univ. de Almer�a

1. INTRODUCCION

Los trabajos de investigaci�n sobre el mundo colonial semita en el sur peninsular y sus contactos con las poblaciones aut�ctonas constituyen uno de los temas m�s debatidos en la actualidad en las disciplinas hist�ricas que se ocupan de los mismos. Este hecho ha creado una ingente cantidad de publicaciones en las que indistintamente prehistoriadores, arque�logos e historiadores de la Antig�edad han tomado parte, pero sin un punto de encuentro com�n. Unos pon�an el �nfasis en la cultura material como un fin en s� mismo (estratigraf�as, tipolog�as subjetivas, largas descripciones de excavaciones, etc) y otros han puesto el �nfasis en la reconstrucci�n hist�rica de Tartesos y la colonizaci�n fenicia a trav�s de las fuentes escritas con una actitud acr�tica, hechos que imposibilitaban una escasa articulaci�n de la poca discusi�n te�rica que podr�a haber surgido. Con todo, en la pasada d�cada no s�lo se ha experimentado un importante avance en la discusi�n te�rica y en la propuesta de modelos explicativos, sino que tambi�n se ha excavado y se ha acumulado suficiente informaci�n como para poder hacer un balance de la misma.

Con este trabajo pretendemos abordar esta problem�tica, sin ambici�n de tratar todos los problemas que la historiograf�a ha ido creando y a los que es imposible dar respuesta para, en algunos casos, zanjarlos por inoperantes. En este sentido pondremos el �nfasis en algunas cuestiones que consideramos m�s relevantes como las aportaciones de M�. E. Aubet, o los modelos te�ricos m�s representativos, incluyendo los de Schubart y Arteaga y C. Gonz�lez Wagner y J. Alvar, con nuestra propia aportaci�n cr�tica sobre los mismos.

La idea de Tartesos que ha llegado hasta nosotros se form� partiendo de la base del historicismo con un claro componente difusionista para la explicaci�n del nacimiento del mismo en base a las fuentes antiguas, sin una lectura cr�tica y discriminatoria y, aunque rebajado en algunos de sus componentes m�s idealistas y subjetivos, esta visi�n se mantuvo en su matriz positivista con las aportaciones que desde la arqueolog�a se ven�an haciendo. Es en este contexto que toma sentido la obra de J. M� Bl�zquez "Tartessos y los or�genes de la colonizaci�n fenicia en Occidente" (1975), obra que intent� dar una visi�n global de la investigaci�n sobre ind�genas y fenicios, pero que se qued� en una ingente acumulaci�n de documentaci�n que no llev� a su articulaci�n ni a la explicaci�n hist�rica. Adem�s esta obra, como todas las de aquellos momentos, explicaban los cambios culturales por contactos entre sociedades, dando por hecho la existencia de centros desde donde irradian las innovaciones (Grecia, Fenicia, Etruria, Cartago...), de tal manera que recogiendo la m�xima documentaci�n posible y su ordenaci�n relativa en el tiempo, se pod�an rastrear los contactos, relaciones e influencias entre estos centros emisores de adelantos culturales y las �reas de la periferia, receptoras y abiertas a todo cambio, concepci�n que ha perdurado en el mismo autor en sus �ltimas publicaciones (1992).

Esta estrategia positivista, que con la acumulaci�n de datos pretend�a explicar la historia, negaba toda posibilidad de hacer valoraciones hist�ricas, normalmente con el condicionante que siempre encuentra el positivismo: la insuficiencia de datos para hacer una valoraci�n general.

Es evidente que la colonizaci�n fenicia de la costa peninsular vino a incidir de alguna forma sobre estas comunidades del Bronce Final que experimentan sensibles cambios tanto en su cultura material como en su estructura social, hecho que no podemos disociar de una coyuntura hist�rica en la que el conflicto intergrupal y la verticalizaci�n de las posiciones sociales generaron un cambio cualitativo que ha sido destacado por todos los investigadores dedicados al tema.



2. HISTORIA DE LAS INVESTIGACIONES

La investigaci�n sobre los fenicios en el sur peninsular tienen su punto de partida en la etapa reciente a ra�z de los hallazgos de la necr�polis Laurita de Almu��car en 1961 que se correspond�a con el asentamiento de Sexi, estudiado m�s recientemente. Tras estos hallazgos y el plan de excavaciones iniciado desde la d�cada de los sesenta por el Instituto Arqueol�gico Alem�n de Madrid en la costa de M�laga en sitios como Toscanos, Chorreras, Morro de Mezquitilla y las necr�polis de Trayamar y Jard�n, el n�mero de asentamientos y excavaciones sistem�ticas se ha duplicado por la costa mediterr�nea del sur peninsular desde Adra hasta la desembocadura del Guadalete. En este sentido la d�cada de los ochenta ha sido la m�s prol�fica en investigaciones no s�lo de asentamientos fenicios, sino en asentamientos aut�ctonos en contacto con aqu�llos, sin cuyo conocimiento es imposible comprenderlos y explicarlos.

Un trabajo fundamental para comprender bien el patr�n de asentamiento de las fundaciones fenicias ha sido el estudio de la linea de costa desde el levante de Almer�a hasta la desembocadura del Tajo en su secuencia post-pleistocena (G. Hoffmann, 1986 y 1988), es decir desde el Holoceno hasta nuestros d�as, y que ha dado una visi�n diferente de la desembocadura de los r�os del sur peninsular donde existen importantes vegas agr�colamente muy productivas que en el per�odo que estudiamos o no exist�an o eran mucho m�s limitadas.

Por otro lado, el estudio de fauna, semillas, ictiofauna, carbones, sedimentos, arcillas cer�micas, etc... est�n dando un importante cambio al an�lisis de los asentamientos fenicios, al existir un serio proyecto de reconstrucci�n econ�mica de los mismos, as� como del paleoambiente, sociedad, urbanismo, redes de intercambio e interacci�n con las poblaciones aut�ctonas, hechos que encuentran su contrapunto en el an�lisis de los asentamientos del Bronce Final del interior.

Por �ltimo, la existencia de un continuo contacto entre los investigadores sobre el tema, debido a reuniones cient�ficas, congresos internacionales, o reuniones de Arqueolog�a y Seminarios de Historia Antigua, ha provocado un mejor conocimiento de los estudios en curso, intercambio de informaci�n y cambios de impresiones entre los investigadores que hacen que la Arqueolog�a fenicia del sur peninsular est� hoy d�a mucho m�s avanzada que otros per�odos hist�ricos de nuestro suelo. Sobre todo si tenemos en cuenta que tienen su contrapartida en asentamientos aut�ctonos contempor�neos como Huelva, Tejada la Vieja (Huelva), Setefilla y Montemol�n (Sevilla), Acinipo en Ronda (M�laga), Pinos Puente y Cerro de la Mora (Granada) y el Pe��n de la Reina (Almer�a). A ello se suma la gran cantidad de informaci�n aportada por las excavaciones de emergencia en cascos hist�ricos como Huelva, Sevilla, Carmona, Granada o Ronda, o los cascos urbanos con asentamientos fenicios como C�diz, M�laga, Almu��car y Adra.

La d�cada de los 80 supone un punto de encuentro donde determinadas reuniones como las de Huelva (Huelva 1982) plantean cuestiones m�s puntuales. A �sta sigue la publicaci�n del encuentro que hubo en Colonia (Niemeyer, 1982) y las actas del Primer Congreso Fenicio p�nico celebrado en Roma en 1978. En esta l�nea en 1987 se celebr� otro encuentro en Roma, cuyas actas han sido publicadas en 1991, y en ese mismo a�o tuvo lugar el III Congreso en T�nez cuyas actas est�n a punto de aparecer. Finalmente est� ya programada la pr�xima reuni�n que se corresponde con el IV Congreso y que va a tener lugar el pr�ximo a�o en Espa�a, posiblemente en C�diz.

Es tal la informaci�n que se est� generando que cuanto menos resulta dif�cil sistematizarla de forma sucinta. En este sentido vamos a dar un panorama general de los �ltimos trabajos comenzando por el Oeste y acabando por la costa de Levante para poder llegar a algunas conclusiones que puedan ser operativas. As�, pues, vamos a describir exclusivamente las �ltimas aportaciones que se hicieron en las VI Jornadas de Arqueolog�a que tuvieron lugar en Huelva en Enero de 1993.



3. INVESTIGACION ARQUEOLOGICA EN LOS ASENTAMIENTOS

Cerro del Prado.- Situado junto al r�o Guadarranque, este asentamiento ya estaba destruido desde su descubrimiento. El sitio apenas ha sido motivo de una campa�a de excavaciones centrada en su borde sur a los pi�s del cerro, donde no se document� ning�n resto constructivo digno de menci�n. Es muy posible que dada la lejan�a que existe entre este sector y el centro del asentamiento, el �rea excavada responda a estratos de escombros que han ca�do por las laderas del cerro.

El sitio se ubica en la orilla oriental del Guadarranque, muy pr�ximo a su desembocadura actual. Esta colina est� totalmente destruida, pero los estudios geol�gicos de G. Hoffmann (1988, p.106) han podido confirmar que el Cerro del Prado hab�a sido en su d�a una pen�nsula muy avanzada en una bah�a mar�tima (Schubart 1988, p. 33). Aparte de los hallazgos cer�micos que se fechan entre la segunda mitad del S. VII a.C. y comienzos del V a.C. nada m�s podemos decir sobre el sitio que responde a un asentamiento fenicio de esta �poca donde tambi�n se documentan cer�micas aut�ctonas a mano.'

Montilla (r�o Guadiaro).- Este asentamiento se sit�a a 1400 metros de la actual costa mediterr�nea, pero en la antig�edad que nos ocupa el mar entraba tierra adentro formando una bah�a hoy colmatada y por donde discurre el Guadiario. Esta bah�a estaba constituida a modo de fiordo con una anchura que oscilaba entre 0,5 y 2 kms., de tal manera que en el s. VIII a.C. la bah�a de Montilla ten�a una profundidad m�nima de 1,50 metros (G. Hoffmann 1986, p. 199).

El yacimiento, como en el caso de Toscanos, est� situado en un lugar con un embarcadero protegido, siendo ocupado durante el S. VIII y se abandon� a comienzos del VII a.C., o al menos qued� deshabitado en los sitios donde se ha excavado. El asentamiento estuvo afectado por inundaciones marinas o por crecidas del Guadiaro, dado su cercan�a a la costa (apenas 6 metros).

H. Schubart ha planteado la siguiente hip�tesis para explicar este asentamiento: Se tratar�a de dos n�cleos de habitaci�n separados; uno del Bronce Final ind�gena situado en la pendiente del cerro (cortes 1 y 2 de su excavaci�n); y otro fenicio en la antigua l�nea de costa, es decir en la playa (corte 3). En definitiva plantea que exist�a un poblado ind�gena que se acultura ante la llegada de los fenicios que se establecieron all� mismo, aunque no descarta la posibilidad de que se trate de un poblado ind�gena que conoce una fuerte influencia fenicia de un asentamiento pr�ximo que est� por descubrir en la orilla contraria del r�o (1987, p. 234).

De todas maneras no ser�a el �nico caso conocido en que un peque�o h�bitat ind�gena de la costa acoge a poblaci�n fenicia e inicia un proceso de cambio mucho m�s radical y acusado que las poblaciones aut�ctonas del interior con contactos espor�dicos y limitados, o a veces con contactos indirectos.

Cerro del Villar.- Situado junto a la desembocadura del Guadalhorce en M�laga; en 1986 se iniciaron los trabajos de excavaciones sistem�ticas en este asentamiento que ya hab�a sido excavado en la d�cada de los setenta (A. Arribas y O. Arteaga 1975). Los nuevos trabajos han dado una secuencia que remontan al siglo VIII y que contin�a hasta el S. VI inclusive.

El asentamiento se situaba en una isla de forma oval de unas 5 ha. de extensi�n, con una altura de 5 metros de altura m�xima sobre el nivel del mar. Los estudios paleogeogr�ficos apoyados en an�lisis sedimentol�gicos, edafol�gicos y f�sico-qu�micos han determinado que la isla era una barra fluvial situada en un delta y no en el centro de una ensenada distante de la costa unos 4 kms. como se pens� en principio (Aubet, 1987, p. 134). Ello vendr�a corroborado por las muestras pol�nicas y el estudio antracol�gico, as� como de microfauna, que rebelan un entorno de bosque de ribera propio de un delta fluvial y no de una ensenada en un estuario. Este hecho provoc� que el asentamiento fuese afectado por cont�nuas inundaciones, tanto fluviales como marinas. El sitio fue abandonado a comienzos del S. Vi a.C. (580 aproximadamente por las importaciones etruscas y samias) posiblemente por una fuerte inundaci�n, despu�s que se encontraba en plena actividad productiva.

El lugar por la idea que podemos hacernos a trav�s de las anal�ticas realizadas fue bastante inh�spito y peligroso, lo que lleva a sus investigadores (Aubet 1993, p. 478) a plantear que s�lo fuertes intereses econ�micos llev� a los fenicios a establecerse aqu� durante m�s de doscientos a�os.

La inexistencia de fuentes de materias primas relacionadas con la metalurgia indican que �sta no constituy� el objetivo prioritario de ocupaci�n geo-estrat�gica, s� en cambio las posibilidades agro-ganaderas o de intercambio comercial a trav�s de la l�nea de penetraci�n hacia el interior que abr�a el r�o.

M�laga.- Citada por las fuentes antiguas como una colonia fenicia, hemos de suponer que �sta se encontrar�a a la altura de Sexi, Gadir, Abdera y Lixus, las otras colonias citadas. No obstante, y a pesar de las distintas intervenciones de emergencia que se han realizado en el casco urbano de M�laga, de momento no parece tratarse de un asentamiento al menos tan antiguo como Abdera o Sexi, dado que los restos arqueol�gicos documentados inician su secuencia en el siglo VI a. C. pero no antes. Con todo, O. Arteaga apunta la posibilidad de que se trate de un asentamiento tan antiguo como los primeros centros fenicios por algunos materiales que ha recogido en superficie en la propia colina de la Alcazaba de M�laga (Arteaga, 1987, p. 213-214). La obra de conjunto fundamental para el estudio de M�laga ha sido editada en Par�s por J. Gran-Aymerich (1991) y recoge las excavaciones en la zona del teatro romano y el estudio de materiales de las mismas as� como diferentes contribuciones de la M�laga fenicia, p�nica y romana.

El proyecto de investigaci�n centrado en M�laga se inici� en 1980 y conoci� diversas campa�as de excavaciones entre esa fecha y 1985. Al mismo tiempo se han ido realizando diversas campa�as de excavaciones de urgencia en el casco urbano antiguo de M�laga, de las cuales la m�s espectacular por sus hallazgos es la del patio de San Agust�n recogida en una monograf�a (A. Recio 1990) y en diversos art�culos y colaboraciones. De todas estas intervenciones se puede concluir que el asentamiento primitivo de Malaka ocupaba en origen entre 6 � 7 ha. de extensi�n y que su ocupaci�n se inici� a principios del siglo VI a. C. hecho que ha sido puesto en relaci�n con el abandono de Cerro del Villar por Aubet, hip�tesis contestada por A. Recio en base a las apreciaciones de Arteaga de algunos materiales antiguo en la colina de la Alcazaba, lo que de momento no cuadra en absoluto con sus propias excavaciones en San Agust�n y en el Teatro, Plaza de la Merced y otras calles y solares de M�laga (1990, p. 160).

Toscanos, Trayamar, Morro de Mezquitilla, Chorreras.- Las investigaciones en los asentamientos de la desembocadura del Algarrobo y V�lez han continuado, aunque de forma m�s espor�dica que en las dos d�cadas precedentes, por parte del Instituto Arqueol�gico Alem�n de Madrid, siendo de destacar la labor realizada en el estudio de la fase m�s antigua de Morro de Mezquitilla, que parece ser por el momento el asentamiento fenicio m�s arcaico documentado hasta ahora en el sur peninsular, y que se fecha a finales del siglo IX o comienzos del S. VIII a. C. (Schubart 1982).

Al norte de Toscanos se plante� un gran corte con la idea de obtener alguna informaci�n sobre su antiguo embarcadero, el cual se situaba en una peque�a ensenada en la gran bah�a que formaba la entrada del mar en la zona. Por medio de taladros geol�gicos se pudo detectar la antigua l�nea de costa y la excavaci�n puso al descubierto el embarcadero as� como un empedrado formado por piedras y fragmentos cer�micos de �nforas junto a la orilla. Por otro lado, y unido a Toscanos ha sido publicada la excavaci�n de la muralla del Alarc�n (Schubart 1990) que fue construida hacia el 600 a. C. poco antes de la fuerte reestructuraci�n del patr�n de asentamiento que experimenta la zona.

A las necr�polis conocidas de Trayamar y Jard�n hay que sumar ahora el hallazgo de una nueva (?) o al menos de una tumba arcaica en Lagos (V�lez-M�laga) y que se ha conectado al sitio de Chorreras (Aubet et alii, 1991). La tumba de fosa conten�a restos de dos incineraciones, una en un vaso de alabastro egipcio y otra en un �nfora fenicia, mientras el ajuar formado por un plato de barniz rojo tipo Chorreras, un colgante de plata con montura basculante y un escarabeo engarzado, as� como un pithoi con asas geminadas, conjunto que ha sido fechado a finales del siglo VIII a. C.

Sexi.- De Almu��car se conoci� antes su necr�polis arcaica de Laurita, publicada en 1963 por Pellicer que su asentamiento. Igualmente en la d�cada de los ochenta se excav� la necr�polis de Puente de Noy y se realizaron algunas intervenciones en el casco urbano de la parte alta de la ciudad, concretamente en el monumento conocido como cueva de Siete Palacios, donde se ha documentado una fase del Bronce Final ind�gena sin importaciones semitas, lo que ha sugerido a su excavador que los fenicios se establecieron en la parte baja del promontorio, concretamente donde se ubica actualmente la factor�a del Majuelo (F. Molina 1985). Por otro lado se ha revisado el material fenicio de la necr�polis Laurita por I. Negueruela (1983 y 1985) proponi�ndose una nueva fecha de inicio de la misma que remonta su uso a finales del siglo VIII a. C. y comienzos del VII.

En el casco urbano de la actual Salobre�a, parece que fu� el solar de la antigua Selambina y cuyo origen puede remontarse al per�odo fenicio-p�nico, aunque este extremo apenas est� insinuado por algunos fragmentos cer�micos recogidos por O. Arteaga, al igual que ocurre con Fuengirola en M�laga.

Abdera.- Sin duda, Abdera en el Cerro de Montecristo de Adra (Almer�a) es otra colonia antigua que gracias a una intervenci�n de emergencia en 1986 ha sido situada entre los asentamientos arcaicos del siglo VIII del sur peninsular. Los distintos cortes abiertos y el material recuperado indican que el sitio no era muy diferente al de otros asentamientos fenicios, con un urbanismo en terrazas, hornos dom�sticos para hacer pan, y algunas escorias de hierro en niveles del siglo VII que indican que este metal se trabajaba all�.

Villaricos.- En la desembocadura del r�o Almanzora, en el levante almeriense, se han realizado diversas intervenciones de urgencia en Villaricos y en el Cabecico de Parra, asentamientos que apuntan a una ocupaci�n de ambos lugares, el segundo como dependiente del primero, en el siglo VII a. C., aunque los materiales son tan sumamente escasos que incluso entran dentro del siglo VI, pero de cuya filiaci�n fenicia no existe duda alguna (J. L. L�pez Castro et alii 1987).



4. LOS MODELOS TEORICOS RECIENTES

Es indudable que aparte de las viejas concepciones que ve�an en los fenicios a comerciantes que intercambiaban sus baratijas por metales y materias primas, al tiempo que civilizaban con sus contactos a las incultas poblaciones aut�ctonas, se han dado importantes pasos para explicar un modelo de colonizaci�n fenicia alejado de estos arquetipos. Aunque no por ello la especulaci�n haya desaparecido como vamos a ver, s� se ha relajado el car�cter tendencioso y negativo que esa concepci�n ten�a en investigadores de la primera mitad de siglo.

En este sentido la falta de evidencias materiales como asentamientos fenicios antiguo, las fuentes romanas muy alejadas de los acontecimientos y las fuentes b�blicas, muy tendenciosas y negativas para Tiro y en general para los fenicios, favoreci� esta visi�n y que se aceptara como v�lida el inicio de la colonizaci�n en el siglo XII a. C., hecho que ya ha sido descartado definitivamente, entre otras razones porque la propia Tiro no se encontraba en condiciones en esos momentos de poder llevar a cabo una empresa de esas caracter�sticas, ya que ni siquiera aparece citada en los textos egipcios ni en los anales asirios del momento, por lo tanto no es posible pensar en fundaciones tirias en Gadir, Lixus o Utica en el siglo XII a. C. (Aubet, 1987, p.42).

Los descubrimientos de los a�os sesenta y las excavaciones en asentamientos fenicios durante las dos d�cadas posteriores han llevado a demostrar que en toda la costa andaluza desde la desembocadura del Guadalete en el Atl�ntico hasta la desembocadura del Almanzora en el Mediterr�neo hay asentamientos fenicios de los siglos VIII-VI a. C. en un n�mero superior a los 20, aunque algunos de ellos simplemente est�n insinuados por hallazgos muy reducidos de cer�micas de superficie, como R�o Verde o Fuengirola (A. Recio 1993, p.132) y Salobre�a.

La d�cada de los ochenta, ante el empuje que se hab�a suscitado en la discusi�n te�rica en Arqueolog�a, conoce un desarrollo de los modelos te�ricos que son los que vamos a analizar sucintamente, sobre todo despu�s de las interpretaciones generadas por investigadores extranjeros como C. R. Whittaker (1974), B. Warning-Treumann (1978), S. Frankenstein (1979) y el ruso Y. B. Tsirkin (1979). Igualmente, desde Italia se hab�an configurado modelos de an�lisis de la colonizaci�n fenicia como "irradiaci�n semita" por investigadores como S. F. Bond� (1983) y A. M. Bisi (1983), ambos catalogados de normativistas y difusionistas (J. L. L�pez Castro, 1992, p. 52).

En estos momentos vemos claramente a toda una historiograf�a preocupada por construir sus modelos "te�ricos" para identificar continuidades culturales y poco centrados en el an�lisis de los cambios sociales, de ah� que hasta hoy d�a haya permanecido claramente el paradigma difusionista, aunque disfrazado de modelo te�rico ecl�ctico, funcionalista o ecologista, para poner el �nfasis en variables siempre externas al desarrollo de la formaci�n social que se pretende estudiar.

No tenemos, pues, ning�n prejuicio en utilizar el concepto de aculturaci�n, pero desprovisto de sus premisas m�s idealistas y subjetivas como el considerar a fenicios y griegos como pueblos civilizadores que ense�aron a las poblaciones aut�ctonas una serie de adelantos en un marco integrador y falto de conflicto. Todo ello lo asumimos desde el momento en que no podemos negar la capacidad de las mismas como actoras en su propio cambio cultural ni tampoco dejar de cuestionar la imagen positiva de cualquier proceso de aculturaci�n que oculta significativamente el propio sistema de explotaci�n colonial.

Modelo de Schubart y Arteaga.- En una obra de car�cter divulgativo pero de �mplio alcance (1990), ambos autores presentan un modelo general basado en sus investigaciones y en las excavaciones arqueol�gicas que desde los a�os sesenta vienen realizando en la costa del sur peninsular.

En principio sostienen que los conceptos de colonizaci�n y colonia no son los m�s adecuados para definir las fundaciones fenicias peninsulares, ya que �stos son establecimientos comerciales, y s�lo Gadir podr�a ser catalogada de ciudad, si bien dependiente de la metr�polis Tiro, mientras el resto de fundaciones son definidas como factor�as. El inicio de esta ocupaci�n se produjo a lo largo del siglo VIII a. C., sin excluir la existencia de un per�odo de influencias fenicias desde inicios del I milenio, patente en la cultura del bronce final de la Baja Andaluc�a. Este es el sentido que se le da al concepto de precolonizaci�n, como fase exclusivamente comercial previa a las fundaciones fenicias propiamente dichas (1990, p. 434).

La tesis de una fundaci�n antigua para C�diz en torno a 1100 a. C. que sosten�an los autores romanos, y que Schubart y Arteaga hab�an asumido en el art�culo de a�os antes (1986, p. 500), es ahora desechada dado que diez a�os de excavaciones de emergencia en el casco antiguo de C�diz no han conseguido de momento documentar elementos arqueol�gicos siquiera de los siglos VIII-VII a. C., aunque nadie duda de su ocupaci�n en esas fechas como refleja la excavaci�n del poblado del Castillo de Do�a Blanca en plena bah�a gaditana (Ruiz Mata 1993, p. 489 y ss.).

En este modelo los asentamientos fenicios peninsulares son concebidos como producto de la empresa emprendida por Tiro para canalizar el comercio de metales desde el Mediterr�neo occidental hasta Oriente. Como rol causal de esta colonizaci�n se propone la presi�n asiria sobre el territorio fenicio, hecho que provoc� la emigraci�n de parte de la poblaci�n. En esta perspectiva los asentamientos comerciales requer�an una situaci�n favorable para embarcaderos, posici�n ventajosa para tener acceso a las poblaciones aut�ctonas, adem�s de contar con buenas tierras para la agricultura y ganader�a, como prueban los restos estudiados de los asentamientos malague�os. No obstante, la elaboraci�n de materias primas en productos manufacturados constituye la tarea fundamental de estos asentamientos, sobre todo el tratamiento metal�rgico de los minerales, la producci�n de p�rpura y la elaboraci�n de vajilla de lujo.

La relaci�n establecida con las poblaciones aut�ctonas se basaba en relaciones comerciales pac�ficas en las que los fenicios gozaban de una posici�n de poder favorable, lo que explicar�a la gran influencia tanto econ�mica y cultural que �stos ejercieron sobre aqu�llos. El car�cter de este intercambio se fundamentaba en la obtenci�n de materias primas que iban hacia Oriente, particularmente metales (hierro, plata, cobre y oro), y en la elaboraci�n de productos manufacturados como marfiles, joyer�a, piezas de hierro, vajillas y productos del mar destinados a las poblaciones aut�ctonas.

La incorporaci�n de las metr�polis orientales a Babilonia, interrumpi� definitivamente las relaciones fenicias con Occidente. En este sentido, mientras en los siglos VIII y VII a. C. se mantiene una dependencia pol�tica de los centros occidentales respecto a las metr�polis orientales, con lo cual el concepto de colonia resulta inadecuado, a partir de la ca�da de Tiro aparecen grandes centros pol�ticos independientes como Gadir o Cartago. Las consecuencias resultantes de ello son:

-Reestructuraci�n del poblamiento fenicio occcidental.

-Instauraci�n de la ciudad como "polis" en el mundo p�nico occidental.



Unido a estos cambios hist�ricos, el nuevo modelo implantado genera una transformaci�n del paisaje funerario dentro de una clara continuidad fenicia occidental (1990, p. 456).

El modelo ofrecido por ambos autores en 1986 ha sido abordado por J. L. L�pez Castro (1992, p. 52 y ss.) quien critica que el objetivo marcado en la exposici�n del mismo fuese exclusivamente la periodizaci�n y la seriaci�n cronol�gica, por tratarse de una concepci�n historicista, construida inductivamente. Por lo dem�s, la relaci�n de fenicios y poblaci�n aut�ctona asume plenamente los postulados del paradigma difusionista, seg�n el cual la aparici�n de una poblaci�n nueva que entra en contacto con las poblaciones originarias supone el punto de partida de cualquier cambio o innovaci�n tecnol�gica. Ello no quiere decir que estemos cuestionando la existencia del contacto, sino como plantea A. Ruiz modificar la estrategia de su tratamiento (1992, p. 470).

Por otro lado, O. Arteaga ya hab�a ofrecido en 1987 un modelo de colonizaci�n fenicia en el sur peninsular m�s elaborado que el publicado junto a H. Schubart un a�o antes, destacando del mismo la periodizaci�n de la colonizaci�n por fases hist�ricas superpuesta a la anterior periodizaci�n arqueol�gica, por lo que superaba el positivismo del modelo anterior.

Para el autor la colonizaci�n fenicia es una empresa estatal promovida por Tiro, que desde el siglo VIII a. C. funda una serie de centros de primer orden (Gadir, Malaka, Sexi, Abdera y Lixus) para controlar el comercio del �rea del Estrecho. Todas estas colonias formaban parte de una red de interdependencia funcional, dentro de un sistema jer�rquico en el cual del n�cleo principal depend�an n�cleos de segundo y tercer orden con funciones complementarias, creando lo que �l llama un c�rculo colonial en zonas estrat�gicas de penetraci�n comercial. La aportaci�n m�s relevante se centra en la periodizaci�n hist�rica en tres fases que van desde el siglo VIII hasta principios del siglo VI a. C.

a) Primera �poca colonial (siglo VIII a. C.), en la cual se fundan los centros nucleares que van a crear la infraestructura comercial. En este sentido rechaza el autor la antigua cronolog�a de Gadir, pero a�n sin documentaci�n arqueol�gica directa del asentamiento arcaico en suelo urbano gaditano, considera inoportuno no valorar el papel de Gadir en el desarrollo "orientalizante" del Bajo Guadalquivir (1987, p. 211). De todos los centros nucleares analizados s�lo Malaka no encuentra de momento confirmaci�n arqueol�gica, ya que como hemos visto �sta se ocupa a partir del siglo VI a. C.

b) Segunda �poca colonial (finales del siglo VIII, primera mitad del VII a. C.). Corresponde a un periodo de "ofensiva comercial de los fenicios" hacia las costas del levante peninsular mediterr�neo, costas de Portugal y costa de Argelia y Marruecos. La frecuencia de este contacto fenicio es el desarrollo de la cultura orientalizante de la Baja Andaluc�a, Tartesos.

c) Tercera �poca colonial (segunda mitad del siglo VII, comienzos del siglo VI a. C.). Se corresponde con el gran apogeo fenicio occidental en el que se observa un crecimiento de los centros nucleares, un mayor n�mero de centros adscritos de segundo y tercer orden (Cerro del Prado, Montilla, islote de Mogador...) y una integraci�n ind�gena que aparece como componente poblacional en las nuevas fundaciones. Por �ltimo, aparte de las relaciones que a�n se manten�an con Oriente y otros centros del Mediterr�neo central, se produjo una proyecci�n mar�tima en el Mediterr�neo occidental que llegaba hasta las costas galas e Ibiza, con lo cual el �rea de influencia fenicia se alargaba desde el oeste de Portugal hasta el sur de Francia (1987, p. 226).

J. L. L�pez Castro (1992, p. 56) resalta el intento de superar el empirismo de propuestas anteriores, aunque el resultado del mismo sea, seg�n �l, un modelo con valor heur�stico exclusivamente. Por nuestra parte nos interesa destacar la estrategia expl�cita de distinguir tres c�rculos culturales para explicar las transformaciones de las sociedades protohist�ricas; �stos son el circuito de las colonias fenicias, el circuito orientalizante tart�sico y el circuito de las culturas proto-ib�ricas del SE y Alta Andaluc�a. Esta estrategia como instrumento de an�lisis �til, esconde en s� misma un paralelismo claro con la noci�n de Kulturkreise de la antropolog�a de la escuela alemana (concepto criticado por M. Harris, 1979, p. 323), que implica la existencia de territorios geogr�ficos en los cuales se reconocen modelos culturales caracter�sticos (fenicio, tart�sico y protoib�rico).

El contacto cultural entre colonizadores y colonizados debe trascender el marco que colocaba a los primeros en una actitud activa puramente economicista y a los segundos como agentes est�ticos y pasivos de los cambios que experimentan en su din�mica hist�rica. Una visi�n amparada en la noci�n de �rea cultural, en nuestro caso �rea cultural fenicia (la costa) y �rea cultural ind�gena (Tartesos, Alta Andaluc�a o Sureste), ve�a toda transformaci�n aut�ctona en la "influencia" (difusi�n) de las positivas aportaciones for�neas, o lo que es lo mismo, �reas de irradiaci�n desde la costa a Tartesos y de aqu� al resto de poblaciones aut�ctonas del interior. Ello equival�a a asumir que los rasgos culturales pasaban de una cultura, la fenicia, a otra m�s atrasada, la ind�gena, ansiosa de conocimiento y de nuevas ideas.

Se tratar�a, pues, de un modelo que relaciona la producci�n con realidades sociopol�ticas como Tiro y su imperio, aunque no trasciendan el marco de referencia peninsular, por lo tanto est�n m�s cerca en su tratamiento de las categor�as anal�ticas del substantivismo de Polanyi, independientemente de que se trate de un modelo positivista.

La aparici�n de otros modelos te�ricos, seg�n criterios funcionalistas o cierto grado de eclecticismo ha dado lugar a otra din�mica que sin embargo no ha creado una discuci�n de ideas y conceptos y por ende una articulaci�n de teor�a y pr�ctica arqueol�gica, de tal manera que mientras los investigadores catalogados de "positivistas" han seguido bas�ndose en la realidad arqueol�gica exclusivamente, los nuevos modelos que han venido a sustituirlos son a nuestro entender exclusivamente modelos especulativos que se han olvidado de describir un fen�meno emp�rico, por lo tanto se construyen con la misma documentaci�n que han aportado los primeros, lo que implica en el fondo que se trata de modelos interpretativos y no como resultado de la aplicaci�n consciente de una teor�a y una pr�ctica, lo cual supone una cierta desconexi�n entre lo que se dice y lo que se hace, cr�tica que asumimos plenamente para algunos de nuestros planteamientos anteriores.

Modelo de M� E. Aubet.- Las aportaciones de M� E. Aubet en el plano peninsular para el conocimiento de los fenicios as� como para la comprensi�n de sus relaciones con las poblaciones aut�ctonas, son hoy d�a el punto de referencia obligado para cualquier investigaci�n sobre la convencionalmente denominada protohistoria del sur peninsular.

Distingue la autora en su obra m�s difundida (1987) tres tipos de asentamientos fenicios en el Mediterr�neo, dentro del modelo general de di�spora comercial tomado de Curtin (1984): Centros como Gadir que act�a como metr�polis mercantil desde donde se controla el comercio de metales con Tartesos; centros como Cartago que se fund� como una aut�ntica colonia, producto de una crisis pol�tica entre arist�cratas tirios, lo que le hace diferente a Gadir o a otras fundaciones con aspiraciones territoriales o de explotaci�n de recursos (1987b, p. 46); y finalmente estar�an los centros con un marcado car�cter agr�cola, situados en territorios donde la presencia aut�ctona no est� apenas documentada, lo que permite la existencia de n�cleos centrales y otros jer�rquicamente de menor rango, como los documentados en la costa mediterr�nea andaluza.

Este tipo de consideraciones contempla una soluci�n mixta en la cual es dif�cil destacar el factor determinante, aunque aparentemente domine el car�cter comercial de la misma. Curiosamente convergen aqu� la idea central de S. Frankenstein sobre el abastecimiento de plata al Imperio Asirio como causa de la colonizaci�n fenicia occidental, y la idea de colonizaci�n agr�cola de Whittaker, como consecuencia de la convergencia de una serie de fen�menos asociados y heterog�neos (crisis ecol�gica, d�ficit agr�cola y sobrepoblaci�n), aparte de los estrictamente pol�ticos motivados por la presi�n asiria.

M. E. Aubet aplica desde una posici�n formalista el modelo de di�spora comercial de Curtin, como hemos dicho, quien presupone una red de comunidades especializadas e interdependientes entre s�, aunque espacialmente dispersas, comunidades que tienden a constituir una especie de monopolio sobre la sociedad aut�ctona. En palabras de la autora "... los asentamientos surgidos a ra�z de una di�spora comercial fueron centros especializados y multifuncionales, que llegar�n a constituir una red interdependendiente, que se nutr�a de las distintas relaciones de cada asentamiento con su entorno respectivo. Ello habr�a favorecido, l�gicamente, un proceso de jerarquizaci�n funcional y a la larga, un fen�meno de dependencia pol�tica de unos centros con relaci�n a otros" (1987, p. 288).

A pesar de que aparentemente se destaca el car�cter jer�rquico de dependencia funcional entre asentamientos, en �ltima instancia todos ellos dependen pol�ticamente de Tiro, por lo cual si �sta entra en crisis lo hace todo el modelo (Ruiz 1992, p. 477), propuesta no tan diferente de la que ofrec�an Schubart y Arteaga, aunque la supuesta crisis de las colonias occidentales se fundamente en una inflaci�n de plata, hierro y metales del mercado asirio. En realidad el car�cter expansionista de sus reyes y la ascensi�n de Babilonia parecen estar en la ruptura de las colonias occidentales con Oriente.

El modelo de di�spora comercial de Curtin (1984) es un modelo que se pretende elevar a la categor�a de ahist�rico, pero que curiosamente est� sacado de los ejemplos de relaciones comerciales existentes en Africa precolonial que el propio Curt�n abord� a�os antes (1975). Seg�n �ste las relaciones se establecen exclusivamente en el campo del comercio, por lo tanto la perspectiva adoptada bajo el concepto de aculturaci�n de las poblaciones aut�ctonas deriva en una causalidad externa como factor primordial del cambio social, para lo cual el contacto establecido no se da entre dos culturas, sino entre la cultura del colonizador y los representantes de la cultura aut�ctona. El resultado de esta relaci�n es que s�lo se aculturan las �lites a trav�s de un proceso de dependencia.

El modelo de di�spora comercial no puede ser definido previamente hasta que se aclare como m�nimo la naturaleza de la formaci�n social que le da su origen, si no se trata de una aplicaci�n mec�nica. As�, pues, no es lo mismo una di�spora comercial como la fenicia que una di�spora como la que tiene lugar en Africa precolonial en los siglos XVII-XVIII, ni las coyunturas hist�ricas que las crearon son comparables. Desde nuestra pretendida visi�n materialista las formaciones sociales son siempre hist�ricas, no as� los modelos productivos que articulan internamente, por lo cual ser�a absurdo sustituir analog�as entre modelos productivos id�nticos integrados en formaciones sociales de �pocas muy diferentes y lejanas en el tiempo (S. Am�n 1976, p. 19).

La asunci�n impl�cita del cuerpo te�rico de los economistas neocl�sicos en los que se fundamenta el modelo formalista sin una discusi�n previa de los conceptos supone trasladar las categor�as de la econom�a cl�sica a sociedades antiguas. El sustantivismo se ha negado a reconocer la aplicabilidad de conceptos anal�ticos del capitalismo a sociedades anteriores al mismo, lo que implica claramente que la esfera econ�mica no era aut�noma como en el capitalismo donde �sta obedece a las leyes que le dicta el mercado. La econom�a antigua, pues, no puede ser comprendida como una esfera separada de la pol�tica y de lo social (Austin y Vidal-Naquet 1986, p.22), por lo tanto huelga la discusi�n sobre si la colonizaci�n fenicia se trata de una empresa privada o una empresa estatal, como si la econom�a constituyera una esfera independiente.

El materialismo, por su parte, se ha querido presentar como una tercera alternativa a la discusi�n formalista / sustantivista (Godelier 1980, p. 59 y ss), aunque ello no implique en absoluto que se reclame un marco de trabajo claramente sustantivista, despojado de sus modelos de redistribuci�n (Lepore, 1989).

Para el formalismo de esta propuesta, la producci�n es considerada como un proceso de obtenci�n de valor, de ah� que las decisiones econ�micas tengan como finalidad la obtenci�n de beneficios, por lo tanto mientras los fenicios son considerados productores de mercanc�as o productores de valores de cambio, las poblaciones aut�ctonas s�lo producen productos cuyos valores de uso s�lo interesan a su propia esfera econ�mico-social, mientras que al pasar a manos fenicias esos productos se transforman en mercanc�as con valores de cambio al ir destinado a un mercado oriental, el asirio. En este sentido el modelo se refiere a un tipo de comportamiento econ�mico definido no por las condiciones de la producci�n excedentaria y su circulaci�n generalizada, sino por las relaciones de producci�n impl�citas en la noci�n de mercanc�a, lo que supone trasladar unas relaciones de producci�n espec�ficas del modo de producci�n capitalista a una sociedad antigua en la que no existe un mercado de factores de producci�n, independientemente de que circulen algunos productos.

De ahi que sea en el tratamiento de las relaciones entre fenicios y aut�ctonos donde se haga m�s patente el funcionalismo de la autora as� como cierta dependencia de premisas hist�rico-culturales. Esta orientaci�n metodol�gica tradicional en la que inconscientemente hemos estado inmersos supone comprender el cambio cultural de las poblaciones aut�ctonas por medio de procesos de aculturaci�n que implican un cambio en el registro arqueol�gico a nivel de t�cnicas, objetos o simplemente a nivel constructivo. El motor de este cambio habr�a que buscarlo en la superior presencia de la cultura fenicia. En este sentido la subjetividad en la evaluaci�n del fen�meno est� presente en la medida en que se demuestran los contactos. El cambio en esta perspectiva est� siempre fuera del sistema, tanto para la evoluci�n de la estructura fenicia que depende de agentes como los asirios, como para el cambio cultural en las poblaciones aut�ctonas que depende del contacto colonial. En esta perspectiva los �nicos que se aculturan son los jefes y en ellos recae la fuerza del cambio cultural, dependiendo en �ltima instancia de la relaci�n colonial, en lugar de ver aparecer nuevas relaciones de producci�n que se han generado a ra�z de la situaci�n colonial y de la aparici�n de individuos que basan su poder fuera de las relaciones parentales.

As�, pues, no comprendemos el mecanicismo que supone inferir de la necesidad de los intercambios fenicios una organizaci�n estructurada pol�ticamente, como dice M. E. Aubet "...toda empresa colonial y comercial como la fenicia raramente aborda un territorio donde habitan sociedades aut�ctonas con una organizaci�n social igualitaria o regidas por instituciones pol�ticas descentralizadas. Por el contrario se establecen redes de intercambio all� donde existe una sociedad jerarquizada que desarrolle una actividad econ�mica m�nimamente coordinada desde centros de poder pol�tico. Ello obedece al hecho de que la misma naturaleza del comercio colonial precisa de unas estructuras sociales que garanticen la producci�n de excedente, que regulen la estabilidad y continuidad de los intercambios y que est�n en condiciones de facilitar mano de obra nativa en las minas, campos de cultivo y puertos mercantes. En definitiva, una sociedad que posea esclavos o mano de obra forzada y, por consiguiente, una autoridad pol�tica" (1990, p. 32)

En esta perspectiva el problema ya no ser�a que el Orientalizante afecte exclusivamente a las �lites tart�sicas gracias a su labor de intermediarias en sus intercambios comerciales con los fenicios, en las cuales �stas aparecen como necesarias para prestar servicios a su comunidad con el ejercicio de la redistribuci�n, sino c�mo consiguen consolidarse fuera y / o dentro del marco del parentesco a pesar de que act�an claramente en beneficio propio. El funcionalismo de esta propuesta no puede ser m�s expl�cito desde el momento en que las �lites son necesarias para poder realizar los intercambios, de lo contrario los fenicios no hubieran colonizado la pen�nsula, ante el miedo de una falta de liderazgo y el riesgo que ello supondr�a, apreciaci�n claramente subjetiva y mecanicista, puesto que lo que aparece como una consecuencia del intercambio comercial (la consolidaci�n o aparici�n de l�deres exentos de actividades primarias), se sit�a como la causa de la misma. En esta situaci�n se interesa la autora por la descripci�n de los bienes de prestigio como s�mbolos del poder de los "pr�ncipes" tart�sicos, ocup�ndose exclusivamente de una parte de la realidad. Ello deja como irrelevante el hecho crucial de que esa relaci�n apenas puesta de manifiesto oculta una realidad evidente como es la explotaci�n sistem�tica de las comunidades aut�ctonas.

La colonizaci�n agr�cola de C. Wagner y J. Alvar.-Las propuestas de ambos autores sobre la colonizaci�n agr�cola fenicia en Occidente est� recogida en varias publicaciones de ambos autores (Wagner, 1983, 1986, 1993) y junto a J. Alvar (1988, 1989) en que aparece mucho m�s desarrollada.

La propuesta inicial que desencaden� la colonizaci�n fenicia occidental se basa en el an�lisis de una serie de variables que confluyen a un mismo tiempo propiciando un desequilibrio entre poblaci�n y recursos hasta conseguir un punto de "rendimientos decrecientes", motivados por factores ecol�gicos, aumento demogr�fico, factores econ�micos y factores pol�ticos, que supon�a importar toda una serie de elementos b�sicos, incluidas materias primas, productos agr�colas, etc... En esta concepci�n las alusiones a E. Boserup, N. Cohen y M. Harris para explicar que el cambio tecnol�gico es una respuesta adaptativa de todas las sociedades cuando alcanzan su m�xima expansi�n productiva no tiene nada que ver con las econom�as pol�ticas, ya que todos los autores hablan de estos factores para explicar un fen�meno tan diferente como es la aparici�n del Neol�tico. Por otro lado la ley de Liebig a la que se ha recurrido para explicar el posible desequilibrio entre poblaci�n y recursos estipula que el nivel de la poblaci�n est� determinado no por la cantidad total de los recursos disponibles, sino por la cantidad de los recursos disponibles durante el mes de mayor escasez, ley que olvida la pr�ctica del almacenamiento, que permite el crecimiento de la cantidad global de los recursos y que en definitiva es lo que permite crear diferencias econ�micas y sociales (Testart, 1982, p. 39).

En este sentido, Wagner y Alvar (1989, p. 90) recogen la apreciaci�n de Aubet (1978, p.84) de que los asentamientos fenicios de la costa al Este del Estrecho no parecen tener un intenso intercambio con las poblaciones ind�genas de Andaluc�a Oriental, a juzgar por la falta de hallazgos en esos momentos en su hinterland, para respaldar mejor su planteamiento. Hoy no podemos seguir manteniendo este argumento, ya que por lo que respecta al Sureste importaciones fenicias desde la Pe�a Negra de Crevillente, Alicante (Gonz�lez Prats, 1979), el Castellar de Librilla, Murcia (Ros Sala 1989) hasta el Pe��n de la Reina en Alboloduy, Almer�a (Mart�nez y Botella 1980) y m�s al interior en la vega de Granada (Mendoza et alii 1981, Pach�n et alii 1979) o en la propia Serran�a de Ronda (Aguayo et alii 1991) han sido documentadas. De cualquier forma Aubet ya ha descartado esta apreciaci�n (1987, p. 267) aunque ello no quita que la actividad agr�cola fenicia en esta zona se imponga como factor fundamental para la elecci�n de los sitios, seg�n la autora.

Conectado con lo anterior y con la propuesta de Whittaker (l979) para el Mediterr�neo Central (Cerde�a) seg�n la cual los fenicios establecieron un importante control sobre las tierras de potencial agr�cola o incluso sobre los recursos mineros con un sistema de asentamientos secundarios en el interior de la isla, Wagner y Alvar sostienen la hip�tesis de una colonizaci�n agr�cola fenicia en el Valle del Guadalquivir. Este modelo est� conectado con la idea general de colonizaci�n agr�cola que hemos discutido anteriormente y encuentra su apoyo fundamental en algunos rasgos que vamos a analizar, entre los cuales el m�s destacado es la consideraci�n de la necr�polis de Cruz del Negro en Carmona como fenicia. Esta necr�polis presenta un ritual de enterramiento en urnas con restos de huesos y cenizas procedentes de la incineraci�n del cad�ver, colocadas en un foso excavado en el suelo y con paralelos en asentamientos ind�genas como Setefilla o Medell�n, y en las colonias fenicias del Norte de Africa o del Mediterr�neo Central (1989, p.93).

La hip�tesis recurre sin necesidad a argumentos de autoridad como las apreciaciones de Bonsor y Ponsich de calificarla como muy fenicia, pero al no encontrarse paralelos en los centros fenicios peninsulares, se recurre a un nuevo argumento ad hoc como es que posiblemente estos colonos proced�an de otros centros distintos a los de la costa, sin que ello no quiera decir que tambi�n se establecieran en ella, como proponen Wagner y Alvar para explicar el considerable desarrollo que adquiere Toscanos en el siglo VII. El argumento se va reduciendo al poner el �nfasis en la aparici�n de las urnas "Cruz del Negro" en esta necr�polis, tipo de procedencia fenicia pero no ampliamente documentado en los asentamientos al Este del Estrecho, al igual que las lucernas de una sola boca.

Dejar a los nuevos colonizadores fenicios con las urnas Cruz del Negro y con las lucernas de una sola boca resul
 
Posts: 190 | Location: Madrid | Registered: 29 November 2003Reply With QuoteEdit or Delete MessageReport This Post
Posted Hide Post
Gracias Blanca, si bien despues de leer todo lo anterior me quedo como cuando una vez que ca� enfermo y consult� a tres medicos distintos y vi como cada uno de ellos me dec�a que tenia cosas distintas,asi que al final yo mismo decid� que lo mejor era pensar que no me pasaba nada.

Ahora en serio , por lo que veo lo de La Atlantida y Tartesos son dos mitos inventados por los griegos y la Biblia?.


Las únicas cosas que no se olvidan son las que se enseñan.
 
Posts: 74 | Location: Madrid Spain | Registered: 10 August 2002Reply With QuoteEdit or Delete MessageReport This Post
Posted Hide Post
Todas las leyendas tienen un principo de verdad........

Hay que saber separar el trigo de la paja......

Salu2
Smiler
 
Posts: 190 | Location: Madrid | Registered: 29 November 2003Reply With QuoteEdit or Delete MessageReport This Post
Posted Hide Post
El tema Tartesos me ha interesado mucho y he leido
libros,revistas,museos y alguna exposici�n puntual que se han organizado sobre este tema.
Mi punto de vista personal es como sigue:

A la arqueologia oficial no le gusta la palabra Tarteso, se sienten mas comodos hablando de poblaci�n indigena ,colonizaci�n fenicia ,etc.
Una buena prueba es que en el larguisimo escrito de mas arriba solo se menciona una vez la palabra tartesos.
Mi visita al Museo Arqueologico Nacional de Madrid ,ocurre lo mismo no se hace ni una sola menci�n a los tartesos y como en el articulo de arriba nos hablan de indigenas,colonizaci�n fenicia ...

Solo como dice payno la biblia,los griegos y romanos nos han dejado escritos sobre esta cultura.
Modernos historiadores,si que actualmente ya nos hablan sin complejos de ello.
Hay que tener muy claro que Gadir (actual Cadiz),nunca perteneci� a Tartesos, siempre fue una colonia fenicia independiente,como otras colonias fenicias en el Mediterraneo(zona de Malaga y Almeria).

Parece que la capital tartesa estar�a proxima a la actual Huelva (zona rica en minerales ) y no muy lejos de la ruta nartural sur-norte (la hoy conocida como Camino de la Plata).
No hace mucho se organiz� en Sevilla una gran exposici�n sobre el mundo de los tartesos.

Por ultimo tambien est� actualmente aceptado que la civilizaci�n desapareci� en cuesti�n de d�as.
Una teoria fue debido a los cartagineses(de origen fenicio),les derrotaron debido a que los tartesos comenzaron a comerciar con los griegos.
Otra teoria fue un enfrentamiento con Gadir.
 
Posts: 22 | Location: Cadiz | Registered: 09 October 2003Reply With QuoteEdit or Delete MessageReport This Post
 Previous Topic | Next Topic powered by eve community